De Ratones y Libros (Of mice and books), 19 – Diario Digital Nuestro País




Viajes por mi biblioteca, 19

Una biblioteca particular (colección de libros) es también, generalmente, una hemeroteca (colección de revistas), y la mía no es la excepción. Lo que me invita a pensar en las grandes diferencias que hay entre los libros y las revistas; empezando por la índole del mensaje, que en los primeros es un mensaje concluido, acabado (si no, no sería el libro entero, sino una porción de él), mientras que en las segundas es abierto hacia el futuro: ya se trate de una revista de tecnología, en la que el próximo número nos traerá la última investigación sobre el tema de nuestro interés; o de una revista de poesía, cuyo próximo número nos traerá …un poemario inédito. En todos los casos la revista es un grupo humano conteste que se dirige a un grupo mayor para decirle: ¡Vamos: a investigar, a reflexionar, a debatir! O bien: ¡a entreterse, a solazarse! (¡a vacilar! diríamos los ticos) en el caso de las revistas de entretenimiento.

La multiplicación de la producción libresca generada por la instalación y el rápido perfeccionamiento de las primeras imprentas europeas en el Siglo XV, trae consigo la diversificación de los productos y su abaratamiento, así como la incorporación de cada vez más grupos de lectores provenientes de las flamantes universidades; a los cuales es preciso alimentar, apuntalar y (por qué no?) halagar. Para esto último se inventa el ‘almanaque’, que es un calendario anual provisto de cierta información atractiva, y que más adelante (depurado ya del calendario) se transformará en lo que llamamos ‘revista’.

Las primeras revistas literarias (poesía, cuento, ensayo) muestran, por su contenido, una orientación iluminista y son una combinación de relatos y noticias. Aparecen en Francia e Inglaterra a fines del Siglo XVIII. Por ejemplo, la revista Mercure Gallant (que después será Mercure de France) es fundada en 1762; y la Revue des deux Mondes (muy citada en estos días en relación con el ‘Caso Fillon’) nace en 1829, seguida de muchísimas otras de todo color y tamaño; como por ejemplo La Table Ronde, dirigida por François Mauriac, y Les Tempes Modernes dirigida por Jean-Paul Sartre.

En España se publica en 1829, al final del reinado de Fernando VII y con carácter semi-oficial, La Revista Española, que fuera dirigida un tiempo por Mariano José de Larra. Con los años van apareciendo otras, como La Ilustración Española y Americana (desde 1869); la España Moderna, revista de literatura, filosofía y ciencias sociales, dirigida por don José Lázaro (desde 1889); y tantas otras que acompañan el reverdecer cultural español de fin de siglo, hasta completar varias decenas.

Creo no exagerar si digo que las revistas científicas y literarias han jugado en los últimoa doscientos años un rol fuertemente dinamizador en el enriquecimiento y la propagación de la cultura en el Mundo. En lo que atañe a España y América Latina, quiero mencionar algunos ejemplos importantes en el campo de las letras y las humanidades en general.

Con referencia a España, ya en el Siglo XX tenemos, entre tantas otras, tres revistas de gran difusión cuyos fundadores y directores fueron figuras de primera línea, como es el caso de don Manuel Azaña y don Cipriano Rivas Cheriff fundadores de La Pluma, revista literaria de optima calidad pero breve duración (1920-1924). O como es el caso del filósofo José Ortega y Gasset creador y director de La Revista de Occidente (1923), que será también editorial, y jugará un papel principalísimo en ese nuevo renacimiento intelectual, académico, científico y político de España, que culminará en 1931 con la proclamación de la Segunda República Y finalmente el caso del novelista Camilo José Cela, quien en plena Dictadura Franquista, desde su exilio voluntario en las Baleares nos manda Los Papeles de Son Armadans (1951), que durante muchos años reunieron la producción poética e intelectual de lo más valioso que España tenía entonces: don Gregorio Marañón, Vicente Aleixandre (Nobel de Literatura), José María Valverde, Luis Rosales, Rafael Sánchez Ferlosio, Carles Riba, Juan Goytisolo, etc.

En América Latina, el auge de las revistas literarias y científicas se va a producir más bien en el Siglo XX, y cito cuatro ejemplos:

El Repertorio Americano aparece en 1919. Esta revista internacional de temas históricos, filosóficos, politico-sociales y literarios publicada en Costa Rica entre 1919 y 1958, fue fundada y dirigida por el prócer don Joaquín García Monge,- y va a constituir por muchos años el punto de referencia principal de la cultura del Sub-Continente.

Ahora bien, la revista que en las primeras décadas del Siglo produce un fuerte zacudón en el pensamiento joven y rebelde de América Hispana se llamó Amauta, fue fundada por José Carlos Mariátegui en Lima, Perú, en 1926, duró apenas hasta 1930, pero su influencia, tanto en los círculos académicos de todos nuestros países, como en las formaciones políticas de raigambre popular fueron incalculables.

En Argentina, la prestigiosa ensayista Victoria Ocampo funda la revista Sur en 1931, donde se darán cita los intelectuales y artistas de América y Europa, desde Jorge Luis Borges hasta Roger Caillois, desde Ernesto Sábato hasta Octavio Paz, de Eduardo Mallea a Hermann Keiserling, desde Alfonso Reyes a Albert Camus.

En México, 1942. Un grupo de profesores de la UNAM (Jesús Silva Herzog, don Alfonso Reyes, Leopoldo Zea y otros) y un grupo de republicanos españoles en el exilio (Juan Larrea, Luis Recasens Siches, Wenceslao Roces, Adolfo Sánchez Vásquez, el poeta León Felipe), al amparo de la Universidad, fundan la revista ‘Cuadernos Americanos’ que hoy, con sus más de setenta años de recorrer todos los rumbos de nuestro Continente, puede ufanarse de su decisiva contribución al fortalecimiento de la Academia Latinoamericana, y a la formación de una conciencia anti-colonialista, democrática y anti-imperialista en importantes estratos de nuestras sociedades.

El libro para pensar; la revista para realizar: teoría y praxis. Marx, que no creía en la Filosofía sino en la Ciencia, fue quien disparó aquella frase lapidaria:

“Hasta ahora los filosofos se han entretenido en explicar el Mundo, cuando lo que hay que hacer es transformarlo”

(Tesis sobre Feuerbach)

Para él, imbuido del imperativo  moral de realizar la Justicia Social en la Tierra, la abstracta especulación sin compromiso, por fina y halagüeña que parezca, debe ser sustituida por el conocimiento científico del objeto (la realidad económico-social) a transformar.

Arriesgo una alegoría: lo abstracto resulta un momento necesario de lo concreto; lo teórico de lo práctico: el libro y la revista se dan las manos.

(Sigue)

(*) Walter Antillon Montealegre es Abogado y Catedrático Emérito de la Universidad de Costa Rica.

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