Claribel Alegría, «feliz» por ganar el Premio Reina Sofía de Poesía


A estas alturas de su vida, la de sus 93 prodigiosos años, la escritora Claribel Alegría tiene mejor memoria que oído. No le molesta: se toma los achaques de la edad con un humor que hace honor a su apellido. «Hábleme más fuerte, que estoy sorda», dice entre risas al poco de coger el teléfono para responder a unas preguntas sobre el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana que acaban de concederle. Le ha pasado la llamada su enfermera, la misma que le dio la buena nueva por la mañana, muy temprano, nada más levantarla.

«Estaba profundamente dormida, a las cinco de la madrugada, y mi enfermera recibió la noticia. Se esperó un poco porque le dio lástima despertarme, y luego a las seis de la mañana me llamó y me lo dijo», cuenta Alegría con una voz viva con la que después reconoce que el galardón, considerado el Cervantes de la poesía, le había «emocionado muchísimo» y que estaba «feliz por la enorme sorpresa». Es la sexta mujer en recibir este galardón, que en 2012 también premió a una pluma nicaragüense, la de Ernesto Cardenal. El premio, concedido por la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional, está dotado de 42.000 euros.

Nacida en Nicaragua, en sus versos se nota el influjo de la poesía desnuda de Juan Ramón Jiménez, del compromiso de Benedetti, del tono confidente de Robert Graves. A este último lo conoció, junto a Cortázar, en Deyá, un pequeño pueblo de Mallorca. «Como Graves, entiende la poesía como un acto de comunicación», explica el también poeta y crítico Diego Doncel. Comunicación con la gente, abriéndose a lo político y a lo civil, pero también comunicación consigo misma, introspección. «Su poesía es como un susurro, como una confidencia, como un secreto importante contado al oído; tiene por ello un tono sencillo, esencial», continúa Doncel, que la describe como «una poeta del amor».

Temática diversa

Sin embargo, con más de veinte poemarios a sus espaldas (el primero, «Anillo de silencio», lo escribió en el lejano 1948), ella misma defiende que su «temática es diversa», algo que intentará reflejar en la antología que se publicará con motivo del galardón. Ha escrito mucho sobre el amor, sí, pero los mitos también tienen un lugar privilegiado en su obra, así como los trágicos vaivenes políticos de Centroamérica, que ha llegado a tratar desde el humor y el surrealismo. «Últimamente su obra es un diálogo con la naturaleza. Naturaleza entendida como una parte del cosmos», apunta Doncel. «En este sentido se parece al Juan Ramón final, al trascendente, que también era cósmico», concluye.

A estas alturas de su vida, la de sus 93 prodigiosos años, Claribel Alegría no se ha cansado de la escritura. En 2015 publicó su última antología, «Pasos inciertos» (Visor), aunque ella afirma que «fue hace seis meses»: el tiempo se relativiza en las cumbres. Resulta inevitable preguntarle por qué sigue escribiendo, qué es lo que le lleva a coger la pluma una y otra vez. «Todavía no logro entenderlo, pero ya escribo poco», dice antes de despedirse mandando un abrazo.

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